¡Bienvenido al hogar virtual de Vínculo Vital!

Para arrancar

Navidad Cada día recibo...

Tertulia del sábado...

Cuatro estudios Sobre...


Te cuento un poco de mi historia

 

e llamo Mateo, mejor llamarme «Leví» – como los vaqueros. Eso es un poco irónico porque tengo que llevar traje todos los días. Tengo un buen puesto con la Hacienda de mi país, pero pocos amigos. Uno, realmente. Mi familia es muy religiosa y sigo la tradición familiar, pero «a distancia», mucha distancia. Mi situación... bueno, ¿cómo se lo puedo explicar?... es que para un funcionario como yo, no me es fácil practicar mi fe.

Pago un precio muy alto para este trabajo – me llaman «colaboracionista» – y suena mal, lo sé. Pero, el gobierno no es tan malo. Mira la calidad de las carreteras. Y por fin hay agua potable y hasta alcantarillaría en algunos barrios, como en el mío. Todo eso, y la mayoría sigue quejándose. A un «traidor» como yo, no me dejan en paz ni cuando voy al templo para rezar. Así que, no voy más. ¿Cómo puedo ir a los cultos sólo para aguantar las miradas frías y hacer de blanco fácil para la homilía del sacerdote de turno? Pensar en Dios allí en estas circunstancias resulta imposible.

Y ya no existo para mi familia. Así que vivo a solas con mi pareja – mi sueldazo. Y con mis hijos: los pagos extras de algún que otro empresario a quien ayudo encontrar deducciones importantes para sus declaraciones del IVA.

Era un miércoles, día de pocas consultas ya que ni fin de mes ni fin de semana. Entra un campesino treinta-añero y en seguida percato que no lleva ni un céntimo encima. En secretaría tienen instrucciones de no dejarles pasar a estos tipos pero ya está delante de mí – ¿qué puedo hacer? Su acento le traiciona; es aldeano del norte y huele ligeramente a tripa de pescado. Espero que sepa que aquí todo es al contado, nada de pagos «en especie.»

Me mira como quien me conoce, y bien. Pero, con unas diferencias. Por ejemplo, sin esa mirada crítica. Y como si yo le importara de verdad. Ya sé quien es. Vaya. Es ése que anda por ahí hablando de una nueva religión – como si él fuera un enviado especial de Dios. Hombre, no me importaría quitarme de encima la jerarquía eclesiástica, su sin fin de ritos y encontrar una manera de que por lo menos Dios me aceptara. Fíjate: este puesto de trabajo es lo único que tengo en este mundo – y lo dejaría en un instante si hubiera una esperanza de empezar de nuevo, estar en paz con Dios, o tener familia que me amara...

«Sígueme.»

No dijo nada más. Se levantó para irse y pausa en la puerta. Me mira expectante. Si dejo este puesto, me reemplazan en cuestión de un par de días. Y me esperan unos pagos extras en el otro despacho debajo la alfombra. Me pongo de pie, puedo oír que el latido de mi corazón aumenta su ritmo. El tiempo parece pararse para coger un poco de aire. Aguanta la respiración.

(Leví sigue contando su experiencia en un libro de la Biblia que lleva su propio nombre, Mateo.)

 

Mateo


¿Qué puede haber influido a Leví a dejar su puesto para seguir a Jesús? A continuación, Leví invita a sus amigos funcionarios a su casa para cenar con su nuevo jefe. ¿Qué esperarías en un invitado como Jesús en una cena similar, este fin de semana?

 

C. S. Lewis


«Para un joven empeñado en seguir siendo ateo, toda prudencia es poca para elegir su lectura. Hay trampas por doquier. Biblias abiertas, miles de sorpresas, redes finas y estrategias. Dios, me atrevo decir, es muy poco escrupuloso.»

Sobre Nosotros | Contactarnos | © 2006 Asociación Real Life